La
vida es un continuo tira y afloja, y la cuerda parece no terminar de tensarse
nunca. Además, hay tantas tijeras amenazando con cortar las hebras que uno no
sabe en qué momento va a caer o cuánto va a estar tambaleándose hasta que eso suceda.
Las opciones no terminan de materializarse y el cansancio empieza a agrietar la piel. Bien es cierto que, sin esperarlo, a veces alguien suelta cuerda
desde el otro lado, y uno puede anudarla a sus muñecas con firmeza. Puede
que al fin el contrincante se haya cansado de tirar. Es posible que éste sea
uno de esos momentos y que la pelea haya terminado. La sensación de control aparece
y es tan fuerte que llega a asustarme. ¿Habrá llegado el final? Puede que todo
sea una victoria ficticia en el que se le da al vencido la última esperanza
antes de despeñarlo por el precipicio. Quizá éste sea el primer último día
del resto de mi vida; puede que este maldito día por fin lo sea.
